Términos del servicio.
Aquí está por escrito lo mismo que se dice en la portada: qué cuesta cada cosa, cuándo se paga, en cuánto se entrega y qué pasa al año siguiente. Y también lo que no cabe en la portada y conviene saber antes de contratar: a nombre de quién queda el dominio, quién administra el servidor y con qué leyes venezolanas se sostiene todo esto.
Última revisión: agosto de 2026.
Quién presta el servicio
S23 Webservices es la marca con la que DIDI SOLUTIONS C.A. (RIF J-50798729-9) diseña y publica páginas web para negocios de San Cristóbal, estado Táchira, y del resto del país.
Todo el trato se coordina por WhatsApp, al +57 301 368 9741. Para asuntos de esta página, el correo es [email protected].
Qué se vende
Tres cosas distintas, y conviene no mezclarlas:
- La página web, $120 en pago único. Uno de los 34 diseños del catálogo, adaptado con tu logo, tus colores, tus fotos y tus datos, con botón de WhatsApp y publicado en línea. No lleva carrito de compras.
- La tienda con carrito, $220 en pago único. Lo anterior más carrito de compras y un panel propio donde cargas y editas tus productos, y donde queda guardado cada pedido. Disponible sobre 17 de los 34 diseños.
- El desarrollo a medida, sin precio de lista. Cuando lo que necesitas no es una página del catálogo. Se estudia el caso y se responde con un presupuesto y el alcance por escrito antes de empezar. No hay tarifa publicada porque depende de lo que haya que hacer.
Qué compras exactamente
Aquí conviene hilar fino, porque es donde más gente se confunde y donde una frase de más se paga cara. Lo que contratas son tres cosas distintas, y mezclarlas es lo que hace que alguien se lleve un disgusto dos años después:
- Tu contenido es tuyo. Tuyo es tu sitio: tu marca, tus textos, tus fotos, tus productos, tus pedidos y tus datos. Eso no se retiene nunca.
- El servicio es lo que se renueva. Lo que se renueva cada año es el servicio de tenerlo publicado, mantenido y funcionando.
- El código es nuestro, y se puede traspasar. El código es la plantilla y el trabajo de S23 Webservices. Tras el primer año de servicio se puede traspasar, de común acuerdo y con costos adicionales que se dicen antes.
Dicho de otra forma: el pago único no es la compra de un código, es el trabajo de hacer tu página y ponerla en línea. Y la renovación de cada año es lo que la mantiene ahí. Por eso esto se parece más a pagar un servicio anual que a comprar un programa, aunque el primer pago sea único y no se repita.
Hasta hace poco esta misma página resumía todo eso en tres palabras: «la página es tuya». Sonaba mejor y se quedaba corto, así que se cambió aquí y en la portada a la vez. Tuyo es todo lo que pusiste tú; el resto se acuerda y se traspasa, y más abajo está explicado cómo.
La firma de S23 en tu sitio
Los sitios que entrega S23 Webservices llevan en el pie un crédito de autoría —«Sitio creado por S23 Webservices»— con enlace a S23 Webservices. Es parte del acuerdo del servicio y se acepta al contratar.
Con el texto exacto que vas a ver, para que no haya sorpresa: abajo del todo, en la misma línea que tu copyright, «Sitio creado por S23 Webservices». Un renglón pequeño que no compite con tu marca ni con nada tuyo. No es un adorno que se nos olvidó quitar: se queda en el sitio publicado, y por eso está escrito aquí y no en un correo posterior.
Y ahora la parte incómoda, que es la que de verdad hay que leer, y va con la palabra que le toca: publicidad. Dicho sin rodeos: eso es publicidad de S23 Webservices en el sitio del cliente. Es una línea pequeña en el pie y no compite con su marca, pero es publicidad y se dice antes de contratar, no después. Este sitio entero existe para decirte las cosas antes de venderte, así que no vamos a llamarlo de otra manera.
Lo que la firma no hace, para que quede igual de claro: no toca tu contenido, no cambia tu diseño, no manda a nadie a ningún sitio si no la pulsa, y no recoge datos de quien visita tu página. Es una línea de texto con un enlace.
Conviene no confundirla con otra cosa que sí desaparece. Los avisos de los demos se van cuando el sitio pasa a ser tuyo: el «¿quieres una web así?», el botón de ver más demos y el aviso de que los datos son de muestra existen mientras el diseño es escaparate. Tu página no le va a estar ofreciendo páginas web a tus clientes. Lo único que se queda es la firma del pie.
Lo que no está decidido tampoco se inventa aquí: si la firma se puede quitar, y a cambio de qué. Hoy no hay una respuesta fijada, y escribir un precio que nadie ha puesto sería peor que decir que falta. Si es algo que te importa, pregúntalo por WhatsApp antes de contratar.
Cómo se paga
Es un pago único por hacer y publicar tu página: se paga una vez y no se repite. No hay pago mensual, ni del precio inicial ni del mantenimiento.
La forma habitual es el pago contraentrega: primero se hace tu página web, la ves terminada y funcionando, y recién entonces pagas. No se cobra por adelantado.
Los medios aceptados son pago contraentrega, bolívares a tasa bcv, efectivo, nequi, zelle, bancolombia. Los precios están en dólares estadounidenses y pueden pagarse en bolívares a la tasa oficial del BCV del día o en pesos colombianos.
Que no se cobre por adelantado no quiere decir que el sitio se publique antes de cobrar, y conviene señalar dónde está la línea. El trabajo terminado se te enseña en un dominio temporal: entras, lo ves funcionando de verdad, lo revisas entero y decides. La entrega definitiva —tu sitio publicado en tu dominio propio— se hace cuando está pagada la totalidad.
Sigue siendo contraentrega, y ésa es la parte que importa: no sueltas un bolívar hasta haber visto tu página terminada y funcionando. Lo único que se aclara es que verla no es tenerla publicada en tu dominio. Eso es justo lo que se entrega al pagar. Cuánto tiempo se mantiene en pie ese enlace temporal, y qué pasa si la decisión se alarga, no está fijado: se habla por WhatsApp.
Y la vuelta de eso, que es justo lo que el pago contraentrega deja en el aire y conviene no dejar: si el trabajo está terminado y no se paga, el sitio no se publica —o se retira, si ya estaba en línea— y el dominio no se traspasa. Esa es toda la consecuencia. No hay recargos por retraso ni ninguna otra penalización, porque no se han fijado.
Entrega y garantía de la página web
El plazo es de 7 días y empieza a contar cuando envías tu material: logo, fotos, precios, dirección y horario. Si el material llega a medias, el plazo empieza cuando esté completo.
La página web incluye 1 mes de garantía. Durante ese mes se corrigen sin costo los errores y los cambios de textos, fotos o precios que hagan falta. Se pide por WhatsApp.
Dónde termina esa garantía, dicho ahora y no cuando toque: cubre que tu sitio quede como se acordó —la personalización con tus datos, los ajustes de diseño y las correcciones de textos, fotos y precios—. Una funcionalidad nueva que haya que programar no entra: eso es desarrollo, se acuerda antes y tiene su costo, igual que cualquier trabajo a medida. No es un recorte de la garantía; es que construir algo que no se acordó nunca fue parte de ella.
El plazo de entrega y la garantía de la tienda los acordamos por WhatsApp antes de empezar: mientras no estén confirmados, no los damos por escrito.
Dónde vive tu página y quién la administra
Los servidores, la publicación y el mantenimiento los gestiona S23 Webservices. El cliente no administra nada técnico. Tu página no se te entrega como un archivo que tengas que subir a algún lado: se publica en nuestros servidores, y no hace falta que abras cuenta en ningún hosting, ni que entiendas de servidores, ni que te acuerdes de renovar un certificado. Eso es parte de lo que estás pagando.
Y ahora la otra cara, que también toca decirla: eso significa que dependes de nosotros. Tu página vive donde nosotros la ponemos. Moverla, cambiar algo de la configuración o tocar el servidor son cosas que se piden y que hacemos nosotros; no hay un panel donde puedas hacerlas por tu cuenta.
La excepción es la tienda de $220: ahí sí entras tú, con tu usuario y tu clave, y cargas productos, cambias precios y ves tus pedidos cuando quieras. Lo que administras es el contenido de tu tienda, no el servidor donde corre.
El dominio: a nombre de quién queda
La adquisición del dominio propio (tunegocio.com) va incluida en el precio: lo buscamos, lo compramos, lo apuntamos a tu página y ahí queda publicada. Con dos condiciones que se dicen antes y no después: que el nombre que quieras esté disponible, y que su costo sea razonable. Hay extensiones y nombres premium que se salen de precio; si el que quieres es de esos, te lo decimos antes de cobrarte nada y buscamos otro contigo.
Lo que hay que leer justo a continuación, y no dos años después: ese dominio lo registra y lo administra S23 Webservices, a su nombre. Que vaya incluido en el precio y que esté a nuestro nombre son dos cosas distintas, y las dos son ciertas a la vez.
Dicho sin rodeos, porque es lo que a un cliente le importa: mientras el dominio esté a nuestro nombre, no es un bien que puedas llevarte por tu cuenta. Preferimos que lo sepas antes de contratar y no el día que lo necesites.
Tampoco es una puerta cerrada. Si quieres el dominio a tu nombre o llevártelo a otro proveedor, se puede: lo pides, lo acordamos entre los dos y se traspasa. Cómo funciona eso —y lo mismo para el código y para tus datos— está unas líneas más abajo, en «Si un día quieres irte».
De la renovación del dominio a partir del segundo año no escribimos nada todavía, porque todavía no está decidida. Cuando lo esté, se escribe aquí. Mientras tanto, cualquier cifra que se dé por esa renovación está inventada, y eso incluye las nuestras.
La renovación anual
Los dos productos se pagan una vez y después se renuevan una vez al año para seguir publicados: $80 al año la página web y $140 al año la tienda. La tienda cuesta más de mantener porque funciona con su propia base de datos en un servidor para ella sola.
Esos son los importes de hoy, y hay que decir la parte incómoda: El precio de la renovación anual puede cambiar de un año a otro. Los servidores, los dominios y los certificados no cuestan lo mismo cada año, y prometerte un precio congelado para siempre sería prometerte algo que no podemos sostener.
Lo que sí está fijado es cómo te enteras, y es lo que vuelve razonable lo anterior: Te avisamos cuánto cuesta la renovación dos meses antes del vencimiento. Ese margen de dos meses es tiempo de sobra para decidir con calma si renuevas, para preguntar lo que quieras o para buscar otra cosa si el precio ya no te sirve. Nunca te vas a encontrar un importe nuevo el mismo día que toca pagar.
Si no se paga el mantenimiento del año, la página se da de baja y deja de estar en línea. Con el aviso de dos meses por delante, esa condición no es una trampa: es la regla, y la sabes desde antes de contratar.
Lo que no está fijado no se promete: cuándo se cobra la primera renovación, si hay días de gracia antes de la baja y si un sitio dado de baja puede recuperarse se acuerdan por WhatsApp antes de empezar.
Si un día quieres irte
Puede pasar, y no hace falta que sea un drama. Si decides no renovar, o si simplemente quieres seguir con otro proveedor, tras el primer año de servicio se te pueden entregar o traspasar las tres cosas: el dominio, el código y tus datos. Se acuerda entre los dos y puede tener costos adicionales, que se te dicen antes de mover nada.
Tu contenido es aparte y no entra en esa negociación: tus fotos, tus textos, tus productos y tus pedidos son tuyos desde el primer día y no se retienen para forzarte a renovar. Nunca.
Lo que no está fijado, y no lo vamos a inventar aquí: cuánto cuesta cada traspaso, cómo se calcula ese costo y en cuánto tiempo se ejecuta. Depende de qué haya que mover y de dónde. Se pregunta por WhatsApp y se responde con un número real antes de que aceptes nada.
Cuando algo se cae
Un sitio web no es una pieza sola. Es un servidor, un servicio que gestiona el dominio, una red que reparte las páginas y, en tu caso, WhatsApp del otro lado. Ninguna de esas piezas la controla nadie del todo, y de vez en cuando alguna falla. Mejor decirlo ahora que el día que pase.
Así que puede ocurrir que tu sitio quede un rato fuera de línea: por un mantenimiento que haya que hacer, o porque se cayó el proveedor del servidor, o el servicio del dominio, o WhatsApp. Cuando pasa, hacemos lo que sí está en nuestra mano: avisarte y trabajar para restablecerlo.
Lo que no podemos asumir son las pérdidas que te cause esa interrupción —ventas que no entraron, pedidos que no llegaron— cuando el corte viene de una pieza que no es nuestra o de un mantenimiento necesario. No es una fórmula para escurrir el bulto: es que nadie que te venda un sitio web puede responder por la caída de un tercero, y quien te diga lo contrario te lo está prometiendo sin poder cumplirlo.
Contra eso —y contra un ataque o un borrado— está lo que sí hacemos: el servicio contratado incluye copias de seguridad periódicas de tu sitio, con su base de datos y las fotos que hayas subido, desde que lo contratas. Los diseños de muestra del catálogo no llevan copias y no las necesitan: son escaparate y su contenido se regenera.
Lo que no ponemos todavía es cada cuánto. Preferimos escribir la frecuencia aquí el día que esté automatizada y podamos sostenerla, y no antes: un respaldo prometido en una página web y no comprobado no le sirve a nadie justo el día que hace falta.
Y aquí falta bastante por decidir, así que se dice que falta: no hay un porcentaje de disponibilidad comprometido, ni un plazo máximo para restablecer el servicio, ni ventanas de mantenimiento anunciadas de antemano, ni compensación por el tiempo caído. Cuando algo de eso se fije, se escribe aquí.
Qué no está incluido
- Que el dominio quede a tu nombre. Su adquisición sí va incluida en el precio —eso está explicado arriba, con sus dos condiciones—, pero el dominio lo registra y lo administra S23 Webservices. El traspaso se puede pedir y se acuerda entre las dos partes.
- Cobrar con tarjeta por internet. Ni la página web ni la tienda llevan pasarela de pago. El pedido te llega por WhatsApp y el cobro lo haces tú por tus propios medios.
- Sesiones de fotos y logotipos nuevos. No se hace una sesión de fotos ni se diseña un logotipo desde cero: se trabaja con el material que tengas. Las imágenes que envíes se acomodan a tu página y alguna se puede retocar; cuáles y hasta dónde se acuerda contigo, y no hay un número comprometido por escrito.
Los diseños del catálogo y los demos
Los 34 diseños del catálogo son páginas ya construidas que se enseñan como muestra. Los nombres, los productos y los precios que se leen en las capturas y en los demos están puestos para que se vea cómo queda el diseño: no son ofertas ni catálogos de nadie.
Cuando contratas, ese diseño se adapta con tu marca, tus fotos y tus precios: deja de parecerse a la captura y pasa a ser tu página.
El material que nos das
Tu logo, tus fotos, tus textos y tus precios nos los das para hacer tu página. Se usan para eso y para nada más: no se ceden, no se revenden y no aparecen en el sitio de otro cliente.
Los 34 diseños del catálogo, en cambio, son trabajo de S23 Webservices: se construyeron antes de que llegara ningún cliente y se adaptan para cada negocio. Eso es lo que arriba se llama «el código», y es lo que se traspasa tras el año de servicio si quieres llevártelo.
De lo que publiques respondes tú
S23 Webservices presta el servicio: hace tu sitio, lo publica y lo mantiene en línea. Lo que se publica dentro lo decides tú, y de eso respondes tú: de tus textos, de tus productos, de lo que prometas sobre ellos y de los permisos de las fotos y las marcas que subas, incluidas las imágenes donde salga gente. Ni S23 Webservices ni DIDI SOLUTIONS C.A. responden por el contenido que carga el cliente.
Y hay un caso concreto que toca decir, porque afecta a todos los sitios que salen del catálogo: las fotos de los 34 diseños son de Unsplash, un banco de imágenes gratuito. Están puestas para que se vea el diseño, no porque sean tuyas ni nuestras.
Cuando tu sitio se publica, esas fotos se van con él si no las has sustituido. Lo sensato es que las cambies por las tuyas: las de tu local, tus productos y tu gente. No sólo por el asunto de los permisos, también porque un cliente nota enseguida cuándo la foto no es del negocio que está mirando.
Si el contenido da problemas
Esta es la condición más dura del documento, así que va entera y empezando por lo que de verdad importa: siempre hay aviso y siempre hay plazo para corregir. Nadie se va a despertar con su sitio apagado y sin explicación.
Si lo que se publica en tu sitio infringe derechos de terceros o perjudica la imagen de S23 Webservices, el sitio se puede retirar o suspender. A partir de ahí:
- La primera vez: se te avisa y tienes 7 días para corregirlo. Corregido, el sitio vuelve.
- Si vuelve a pasar: otro aviso y otros 7 días para corregirlo. Corregido, el sitio vuelve igual que la vez anterior.
- A la tercera: se suspende el servicio, y en ese caso no hay devolución de lo pagado.
La tercera es la consecuencia, no la regla. Dos avisos con una semana cada uno son bastante más margen del que da casi cualquiera, y existen justamente para que no haya una tercera.
Lo que no está fijado tampoco se inventa aquí: por qué vía se avisa, quién decide que algo infringe un derecho y si esa decisión puede discutirse antes de que empiece a correr el plazo. Son cosas que conviene acordar, y mientras no lo estén, no se dan por escritas.
Con qué reglas se cierra este acuerdo
Todo esto se acuerda por WhatsApp, y conviene decir que eso no lo hace menos serio. En Venezuela un acuerdo cerrado por medios electrónicos vale: el Decreto Nº 1.204 con Rango y Fuerza de Ley sobre Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas, publicado en la Gaceta Oficial Nº 37.148 del 28 de febrero de 2001 y vigente, dice en su artículo 4 que los mensajes de datos tienen la misma eficacia probatoria que la ley concede a los documentos escritos, y en su artículo 15 que la oferta y la aceptación de un contrato pueden hacerse por mensajes de datos.
En cristiano: el chat donde acordamos qué se hace, por cuánto y para cuándo cuenta, y cuenta para los dos lados. Por eso las condiciones se confirman por escrito en esa misma conversación antes de empezar. Guárdala tú también. A eso se suma lo de siempre: el artículo 1.159 del Código Civil venezolano dice que los contratos tienen fuerza de ley entre las partes y que no se revocan sino por mutuo consentimiento o por las causas que autorice la ley.
Como esto es un servicio que se le presta a un comercio, aplica también la Ley Orgánica de Precios Justos (Decreto Nº 2.092, Gaceta Oficial Extraordinaria Nº 6.202 del 8 de noviembre de 2015), que alcanza a los servicios y no sólo a los bienes, y cuyo artículo 7 reconoce el derecho a una información adecuada, veraz, clara, oportuna y completa sobre lo que se ofrece y sobre su precio. El organismo ante el que se reclama hoy es la SUNDDE, la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos. Esta página, en el fondo, existe para cumplir esa parte antes de que a nadie le haga falta reclamar nada.
Un apunte honesto, porque este terreno se mueve: hay una ley nueva de derechos socioeconómicos discutiéndose en la Asamblea Nacional que sustituiría a la anterior y cambiaría el organismo. Mientras no se publique en Gaceta, lo que vale es lo de arriba; si se publica, esta página se corrige.
Cómo se usa este sitio
Este sitio es un catálogo: se mira, se comparte y se usa para escribirnos. No hay nada que registrar, ninguna cuenta que crear y ningún sitio al que entrar con clave.
Lo que no se puede hacer no lo decidimos nosotros: entrar sin permiso a este sitio, a los demos o a la tienda de un cliente, o sabotearlos. En Venezuela eso es delito y tiene su propia ley, la Ley Especial contra los Delitos Informáticos (Gaceta Oficial Nº 37.313 del 30 de octubre de 2001), que castiga con prisión el acceso indebido a un sistema en su artículo 6 y el sabotaje o daño a un sistema en su artículo 7.
Lo decimos sobre todo por las tiendas: dentro del panel de un cliente están sus productos, sus precios y los pedidos de sus compradores.
Si esto cambia
Los precios y las condiciones de esta página son los que están publicados hoy en el sitio. Si cambian, cambian aquí y en la portada a la vez, con la fecha de revisión de arriba actualizada. Lo que se acordó contigo por WhatsApp antes de un cambio es lo que vale para tu encargo.
Lo mismo vale para las leyes que se citan más arriba: están comprobadas contra sus Gacetas Oficiales el día de la última revisión, y si alguna se reforma o se sustituye, se corrige aquí.
Qué datos recoge este sitio —ninguno— está explicado en la política de privacidad.
Estas son las condiciones con las que se presta el servicio, escritas en el mismo idioma en el que se conversa por WhatsApp. Si algo de esta página no te queda claro o quieres que te lo expliquen antes de contratar, escribe a [email protected] y te responden.
Las leyes que se citan aquí están comprobadas contra su Gaceta Oficial, pero esto lo escribe quien hace las páginas web, no un abogado. Sirve para que sepas a qué atenerte con nosotros; no es asesoría legal ni sustituye a la de un profesional. Si tu caso es delicado, consúltalo con uno.